jueves, 29 de abril de 2010

Carta de una hija

Alguna vez escribi esto a alguien muy importante en mi vida, no con el fin de plantearle un reclamo pero si con el de expresarle mi sentir; creo que muchas personas sintieron en algun momento lo mismo que yo, si no en su totalidad, en parte de ella.

Como bien dicen, respetos guardan respetos, pero ¿cómo quieres que lo haga si nunca me enseñaste a hacerlo? Lo único que me enseñaste durante todo este tiempo, y valga decir fuiste un gran maestro, fue a tenerte miedo! ¿Cómo quieres que te guarde respeto, si tu no me respetas a mi?, no soy cualquier persona por ahí, a la que puedes insultar, ofender, criticar o simplemente no dejar hablar.


Si bien es cierto aun no soy totalmente independiente, algo cambió. No puedes pretender que siga siendo una niña toda la vida, si no te has dado cuenta, ya soy una mujer; no puedes pretender encerrarme por siempre, me dejaste volar dos veces, y ahora que conozco la libertad, no puedes cortarme las alas, porque aunque no haya vivido tanto o no tenga la experiencia que tienes tu, mis ojos se abrieron al mundo, y con ellos la ingenuidad se fue. No puedes hacer que no me equivoque, soy un ser humano, y como tal, vivo, siento, lloro, sufro, gozo, experimento, y aunque uno no lo busque, el errar es una posibilidad, una posibilidad que en un principio puede resultar fatal, pero al final no se convierte sino en el más valioso aprendizaje de vida que uno pueda tener.

Me diste las directrices para empezar a vivir, y a pesar de que siento en algo fallaste, no puedo dejar de agradecerte lo que hiciste por mí, porque gracias a ti, soy lo que soy ahora, gracias a ti tengo objetivos y metas trazadas, gracias a ti pude cumplir muchos de mis sueños; sin embargo ya es tiempo en el que tengo que afrontar mis errores, ya es tiempo en el que tengo que tomar mis propias decisiones, ya es tiempo de empezar a vivir mi propia vida.
No es que no quiera que te metas en mi vida, si quiero!, pero hay maneras de cómo hacerlo; sembrando confianza, en vez de recelo, cultivando afecto, en vez de rencor, cambiando la intolerancia por la paciencia, cambiando un grito por un consejo, inspirando respeto en vez de temor, construyendo un hogar en vez de una jaula.

No pienses, que como consecuencia de lo dicho, no te quiera, te sigo queriendo, nunca lo deje de hacer, y aunque muchas veces sentí que te odiaba, no pude llegar a hacerlo porque con tus defectos y virtudes eres mi padre, defectos y virtudes que como hija yo también tengo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario